Si le dijera que en Medellín existe un lugar al cual puede llevar a Almorzar a su familia en un ambiente cálido, donde un grupo de personas capacitado en complacer casi a cualquier paladar lo atenderá, y donde sus platos son preparados con los ingredientes más frescos de la ciudad, ¿Qué es lo primero que llega a su mente? ¿Un restaurante ubicado en un sector exclusivo de la ciudad? ¿En el poblado tal vez? Si por otro lado le dijera que en este lugar puede también comprar ropa con prendas que van desde los $ 1.000 en adelante. ¿Pensaría que estoy hablando de uno de estos grandes centros comerciales ubicados en su mayoría en el sur? Si finalmente le contara que en este lugar usted va a poder encontrar casi cualquier tipo de mercancía y sin importar su estrato socio económico va a ser tratado de una manera digna ¿usted me creería?
No se dejen llevar por las
apariencias… Todo esto y más, lo puede
encontrar en la Plaza
de Mercado Minorista José María Villa. A pesar de su aspecto exterior poco
atractivo y, si se quiere desarreglado; su interior es un crisol de historias
donde confluyen un sin fin de ingredientes sociales; que es gestor de ideas innovadoras e iniciativas que
si se enfocan de la manera correcta pueden enseñar mucho a la ciudad.
La labor en la plaza
comienza como es frecuente en los mercados alrededor de las 3:00 de la madrugada. Entre los ruidos de los
camiones que de todas las partes de nuestro departamento traen el surtido, se escucha una voz amable que
nos invita con un “buenos días, en que le puedo colaborar” a manifestar el motivo de visita de la plaza, interesado
únicamente en colaborar o tal vez en que le podamos comprar algo; se presta a
dar indicaciones y una breve descripción de la forma como se ha organizado la
plaza. Su nombre es Jhon Ateorthúa vendedor de hortalizas, que desde hace 10 años se gana el sustento en la plaza.
Con sus manos ásperas, fruto
del trabajo, se dispone a escribir en un cuaderno cuya pasta tiene impreso un automóvil, información
del flujo de mercancía que los “coteros” van amontonando en su pequeño local.
A medida que se avanza se
entra en una atmosfera de olores que impacta los sentidos. La papa recién arrancada y el cilantro, se entremezcla con el olor del
chocolate, la empanada y la arepa recién asada, propios de un verdadero
“desayuno de campeones” que aporta los carbohidratos
necesarios para cada una de las personas
que laboran en este lugar y necesitan desarrollar este duro trabajo. “Tenemos
que tener todo listo para cuando venga la gente a comprar”, dice agitado David
Correa, uno de los coteros, al hacer una pausa para tomarse un tinto y cuya
función es la de descargar el camión y
apilar los distintos bultos que surtirán los locales.
El ambiente de la plaza se
adorna con la música proveniente de pequeños radios en los cuales se puede
escuchar desde aquellas baladas de antaño hasta aquel chiste vulgar propio de
los programas radiales, de la mañana que
a más de uno le arrancan una sonrisa y que dan pie para un comentario jocoso
similar a una pequeña pausa activa, para aliviar la tensión del agite del comienzo del día.
Su techo compuesto por paneles de una teja
transparente, varillas de hierro y su piso ennegrecido en algunas partes por el constante trafico de productos
orgánicos y de personas, tratan de
opacar una belleza extraña propia de las plazas de mercado. A medida que avanza
la mañana y el sol golpea con sus rayos
este sencillo recinto se observa un caleidoscopio de colores y formas que solo una tierra como la nuestra puede
ofrecer: Desde el rojo vibrante de los tomates, pasando por el dorado de los
granos de maíz, luego por el verde oscuro de los aguacates; hasta ese color
acaramelado de la panela.
Por otro lado cada uno de
los locales, aunque similares para el ojo
desprevenido, es una extensión de la individualidad de su dueño por lo tanto
sus enseres o sus paredes están adornados con objetos que van desde una calcomanía
de su equipo de fútbol favorito hasta pencas sábilas para atraer la buena
suerte.
Al caminar por su corredores
se observa un aparente caos, pero todo tiene un orden que permite a compradores y visitantes
encontrar lo que buscan; es así como poco a poco se ha venido organizando por
sectores. La planta baja está compuesta por verduras, pesqueras, carnes,
fruteras entre otros; y en la planta alta podemos encontrar abarrotes, bares,
restaurantes, cafeterías así como el área de calzado y ropa.
Un aspecto que siempre llama
la atención de la Plaza Minorista es la venta de ropa usada, la cual es lavada y
seleccionada para ofrecerla al público.
En este mercado ubicado en el sector 13 en la planta superior de la plaza, el ciudadano común puede no solo comprar una muda de ropa completa por máximo $ 40.000 sino vender casi que cualquier prenda. Juan David Gómez estudiante de octavo semestre de Biología en la Universidad de Antioquia, con orgullo comenta: “He logrado comprar chaquetas hasta en $10.000 pesos y camisetas en perfecto estado por $ 3.000, ¿Por qué no comprar si es bueno bonito y barato?”
En este mercado ubicado en el sector 13 en la planta superior de la plaza, el ciudadano común puede no solo comprar una muda de ropa completa por máximo $ 40.000 sino vender casi que cualquier prenda. Juan David Gómez estudiante de octavo semestre de Biología en la Universidad de Antioquia, con orgullo comenta: “He logrado comprar chaquetas hasta en $10.000 pesos y camisetas en perfecto estado por $ 3.000, ¿Por qué no comprar si es bueno bonito y barato?”
Lo cierto es que además de
ofrecer variedad en cuanto a prendas, esta
boutique poco común es una fuente significativa de empleo; ya que además del
servicio de venta, cuenta con su propia sastrería y servicio de lavado.
Una idea común de las
personas que no compran en la Plaza Minorista es que ésta es solo para la gente
“pobre”. Sin embargo; la plaza cuenta con
gimnasio, no solo para uso de los comerciantes, sino para el público en general y
con restaurante gourmet, tienda especializada en la venta de todo tipo de
especias utilizadas en la alta cocina.
Para nadie es un secreto que
el sector de la plaza ha vivido épocas de violencia; en un principio originado
entre grupos armados al margen de la ley como milicias y convivir y luego por
combos delincuenciales motivados por el
cobro de vacunas a los comerciantes; sin embargo se han adelantado procesos de
participación entre los entes del estado, representados por la Alcaldía y la Policía
que junto a la comunidad ha hecho que la situación se vaya superando poco a
poco.
Es así como se implemento un
proyecto denominado “Corfuplaza”, que consiste en una organización de jóvenes
que se encargan de recoger entre los comerciantes lo que ellos puedan aportar
para redistribuirlo gratuitamente entre las personas que más lo necesitan en
forma de mercados; Esto, además de impactar
positivamente a un sector de la población más necesitado, permite a muchos
jóvenes escapar de las garras de la violencia que se vive en algunos barrios
vulnerables de nuestra ciudad. De igual forma la Plaza Minorista adelanta
procesos para atender al habitante de calle, que recurre a la plaza en búsqueda
de un bocado de comida, con programas que incluyen desde el almuerzo hasta el
baño grupal por medio de mangueras con agua a presión.
En otras palabras además de brindar beneficios desde el punto de vista económico, la Plaza Minorista hoy por hoy es un lugar que tiene dentro de su planeación estratégica brindar beneficios por medio de programas sociales que impacten a la comunidad con el fin de propiciar un ambiente saludable y digno para los comerciantes y sus familias.
En otras palabras además de brindar beneficios desde el punto de vista económico, la Plaza Minorista hoy por hoy es un lugar que tiene dentro de su planeación estratégica brindar beneficios por medio de programas sociales que impacten a la comunidad con el fin de propiciar un ambiente saludable y digno para los comerciantes y sus familias.



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