jueves, 10 de octubre de 2013

En el lugar más improbable


Si le dijera que en Medellín existe un lugar al cual puede llevar a Almorzar a su familia en un ambiente cálido, donde un grupo de personas capacitado en complacer casi a cualquier paladar lo atenderá, y donde sus platos son preparados con los ingredientes más frescos de la ciudad, ¿Qué es lo primero que llega a su mente? ¿Un restaurante ubicado en un sector exclusivo de la ciudad? ¿En el poblado tal vez? Si por otro lado le dijera que en este lugar puede también comprar ropa con prendas que van desde los $ 1.000 en adelante. ¿Pensaría  que estoy hablando de uno de estos grandes centros comerciales ubicados en su mayoría en el sur? Si finalmente le contara que en este lugar usted va a poder encontrar casi cualquier tipo de mercancía y sin importar su estrato socio económico va a ser tratado de una manera digna ¿usted me creería?

No se dejen llevar por las apariencias…  Todo esto y más, lo puede encontrar en la Plaza de Mercado Minorista José María Villa. A pesar de su aspecto exterior poco atractivo y, si se quiere desarreglado; su interior es un crisol de historias donde confluyen un sin fin de ingredientes sociales; que es  gestor de ideas innovadoras e iniciativas que si se enfocan de la manera correcta pueden enseñar mucho a la ciudad.


La labor en la plaza comienza como es frecuente en los mercados alrededor de las 3:00  de la madrugada. Entre los ruidos de los camiones que de todas las partes de nuestro departamento  traen el surtido, se escucha una voz amable que nos invita con un “buenos días, en que le puedo colaborar” a manifestar el motivo de visita de la plaza, interesado únicamente en colaborar o tal vez en que le podamos comprar algo; se presta a dar indicaciones y una breve descripción de la forma como se ha organizado la plaza. Su nombre es Jhon Ateorthúa vendedor de hortalizas, que desde hace  10 años se gana el sustento en la plaza. 

Con sus manos ásperas, fruto del trabajo, se dispone a escribir en un cuaderno cuya pasta tiene impreso un automóvil,  información del flujo de mercancía que los “coteros” van amontonando en su pequeño local.
A medida que se avanza se entra en una atmosfera de olores que impacta los sentidos.  La papa recién arrancada  y el cilantro, se entremezcla con el olor del chocolate, la empanada y la arepa recién asada, propios de un verdadero “desayuno de campeones”  que aporta los carbohidratos necesarios para  cada una de las personas que laboran en este lugar y necesitan desarrollar este duro trabajo. “Tenemos que tener todo listo para cuando venga la gente a comprar”, dice agitado David Correa, uno de los coteros, al hacer una pausa para tomarse un tinto y cuya función  es la de descargar el camión y apilar los distintos bultos que surtirán los locales.

El ambiente de la plaza se adorna con la música proveniente de pequeños radios en los cuales se puede escuchar desde aquellas baladas de antaño hasta aquel chiste vulgar propio de los programas radiales, de la mañana  que a más de uno le arrancan una sonrisa y que dan pie para un comentario jocoso similar a una pequeña pausa activa, para aliviar la tensión del  agite del comienzo del día.

Su techo  compuesto por paneles de una teja transparente, varillas de hierro y su piso ennegrecido en algunas partes  por el constante trafico de productos orgánicos y de personas,  tratan de opacar una belleza extraña propia de las plazas de mercado. A medida que avanza la mañana y  el sol golpea con sus rayos este sencillo recinto se observa un caleidoscopio de colores y formas  que solo una tierra como la nuestra puede ofrecer: Desde el rojo vibrante de los tomates, pasando por el dorado de los granos de maíz, luego por el verde oscuro de los aguacates; hasta ese color acaramelado de la panela.
Por otro lado cada uno de los locales,  aunque similares para el ojo desprevenido, es una extensión de la individualidad de su dueño por lo tanto sus enseres o sus paredes están adornados con objetos que van desde una calcomanía de su equipo de fútbol favorito hasta pencas sábilas para atraer la buena suerte.
Al caminar por su corredores se observa un aparente caos, pero todo  tiene un orden que permite a compradores y visitantes encontrar lo que buscan; es así como poco a poco se ha venido organizando por sectores. La planta baja está compuesta por verduras, pesqueras, carnes, fruteras entre otros; y en la planta alta podemos encontrar abarrotes, bares, restaurantes, cafeterías así como el área de calzado y  ropa.



Un aspecto que siempre llama la atención de la Plaza Minorista es la venta de ropa usada, la cual es lavada y seleccionada para ofrecerla al público.
En este mercado ubicado en el sector 13 en la planta superior de la plaza, el ciudadano común  puede no solo comprar una muda de ropa completa por máximo  $ 40.000 sino vender casi que cualquier prenda. Juan David Gómez estudiante de octavo semestre de Biología en la Universidad de Antioquia, con orgullo comenta: “He logrado comprar chaquetas hasta en  $10.000 pesos y camisetas en perfecto estado por $ 3.000, ¿Por qué no comprar si es bueno bonito y barato?”
Lo cierto es que además de ofrecer variedad en cuanto a prendas,  esta boutique poco común es una fuente significativa de empleo; ya que además del servicio de venta, cuenta con su propia sastrería y   servicio de lavado.

Una idea común de las personas que no compran en la Plaza Minorista es que ésta es solo para la gente “pobre”. Sin embargo;  la plaza cuenta con gimnasio, no solo para uso de los comerciantes, sino para el público en general y con restaurante gourmet, tienda especializada en la venta de todo tipo de especias utilizadas en la alta cocina.
Para nadie es un secreto que el sector de la plaza ha vivido épocas de violencia; en un principio originado entre grupos armados al margen de la ley como milicias y convivir y luego por combos delincuenciales  motivados por el cobro de vacunas a los comerciantes; sin embargo se han adelantado procesos de participación entre los entes del estado, representados por la Alcaldía y la Policía que junto a la comunidad ha hecho que la situación se vaya superando poco a poco.

Es así como se implemento un proyecto denominado “Corfuplaza”, que consiste en una organización de jóvenes que se encargan de recoger entre los comerciantes lo que ellos puedan aportar para redistribuirlo gratuitamente entre las personas que más lo necesitan en forma de mercados; Esto, además de impactar positivamente a un sector de la población más necesitado, permite a muchos jóvenes escapar de las garras de la violencia que se vive en algunos barrios vulnerables de nuestra ciudad. De igual forma la Plaza Minorista adelanta procesos para atender al habitante de calle, que recurre a la plaza en búsqueda de un bocado de comida, con programas que incluyen desde el almuerzo hasta el baño grupal por medio de mangueras con agua a presión.

 En otras palabras además de brindar beneficios desde el punto de vista económico, la Plaza Minorista hoy por hoy es un lugar que tiene dentro de su planeación estratégica brindar beneficios por medio de programas sociales que impacten a la comunidad con el fin de propiciar un ambiente saludable y digno para los comerciantes y sus familias.







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